La confianza es un aspecto clave a la hora de que un usuario decida comprar en nuestro sitio web. Y aunque muchos usuarios no la procesan conscientemente, la extensión de nuestro dominio (.com, .net, etc.) proporciona información crucial a la hora de transmitir confianza y seguridad.

El tipo de dominio que utilizamos influye notablemente sobre un aspecto que ayuda o penaliza a la hora de transmitir confianza: el principio de disponibilidad. Este principio – definido por la psicología en el estudio de la toma de decisiones – implica que, a la hora de elegir entre varias opciones, tendemos a asumir que la opción más familiar también es la correcta. Este efecto es el que provoca que en el supermercado elijamos ante la duda una marca conocida a otra. Precisamente la existencia de este principio es lo que justifica la enorme inversión en creación de marca que realizan muchas grandes empresas.

En el mundo de los dominios, el principio de disponibilidad influye en la predisposición de un usuario a confiar más en nuestra web si utilizamos una extensión familiar (por ejemplo, “.com” o “.es”) o que si utilizamos otras (como “.biz” o “.club”). Es por ese motivo que, en la medida de lo posible, es recomendable elegir la extensión más común en nuestro mercado. Utilizar cualquier otra a la larga requerirá un mayor esfuerzo para conseguir que nuestra marca resulte familiar.

La extensión más reconocida en todo el mundo es el “.com”. Al encontrarse entre las extensiones más antiguas y ser – con diferencia – la más utilizada en todo el mundo, “.com” es percibida también como la extensión más familiar y confiable. Junto al “.com”, las extensiones más reconocidas, son las propias de cada país: “.es”, “.com.ar”, “.cl”, etc.. Estas extensiones proporcionan un nivel de confianza muy similar a la del “.com”.

Las ventas de la proximidad

Las extensiones nacionales presentan una ventaja adicional. Al comunicar que nos encontramos en el mismo lugar que nuestros usuarios y clientes, activan otro mecanismo de confianza: tendemos a confiar más en la información procedente de personas similares a nosotros. Si, por ejemplo, viajamos a París y unos desconocidos que provienen de nuestra misma ciudad nos recomiendan un restaurante, es mucho más probable que sigamos su consejo que si, de repente, es un parisino el que nos recomienda el mismo restaurante. El motivo es que tendemos a creer que las personas similares a nosotros tendrán también gustos e intereses parecidos. De la misma forma, al elegir entre dos propuestas similares, un usuario de Chile tenderá a confiar ligeramente más en una web que utiliza “.cl”, mientras que uno de Argentina tenderá a preferir una web “.com.ar”.

Curiosamente, los motores de búsqueda han “arrastrado” este principio. De este modo, la extensión se considera como uno de los factores a la hora de determinar el ranking de un sitio web en los resultados de búsqueda. Por ese motivo, la utilización de la extensión nacional en cada uno de los mercados a los que nos dirigimos se considera como buena práctica en la estrategia de posicionamiento en buscadores.

Con el advenimiento de más 1.000 nuevas extensiones – .online, .top, .tienda, entre otras – se ha abierto el abanico de posibilidades a la hora de elegir un nombre para nuestro proyecto web. Y
ciertamente, gracias a ellas es posible acceder a dominios que en “.com” y otras extensiones hace mucho tiempo que han sido ocupados. Sin embargo, su uso conlleva automáticamente el pago de un peaje en la confianza que transmitimos indirectamente a nuestros usuarios. Como otras tantas cosas en la vida, el cámino más sencillo a veces es el más recomendable. En el mundo de los dominios este camino es simple: registrar el dominio “.com” (si está disponible) y el dominio del país o países donde operamos.

Artículo redactado con la colaboración de Alberto Domínguez – CEO en Registros.com

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